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Fernando Alonso |
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AL VOLANTE DESDE LOS TRES AÑOS
Feo, fuerte y formal.
La leyenda que acompañó a John Wayne durante toda su vida bien podría aplicarse
a Fernando Alonso. Salvo por lo de feo, claro. Asturiano puro, de carácter casi
recio. Como su padre, José Luis. No da nunca un elogio de más, ni muestra sus
sentimientos salvo con sus íntimos. Y formal porque sabe distinguir entre los
que le apoyan de siempre y los advenedizos. Aquel que le haya despreciado sabe
que, ahora que es el hombre de moda del deporte español, no podrá tener nada de
él. Una personalidad forjada desde que a los tres años se subiera por primera
vez a un kart. Fue una tarde de 1984 en el párking de un centro comercial. CAMPEÓN DEL MUNDO A LOS 15 AÑOS
Con seis años, Fernando
Alonso ganó su primera carrera. Y con siete, ya era campeón infantil de
Asturias. Ocho victorias en ocho carreras. El niño había dejado de jugar para
tomarse las cosas en serio: “Llevo 17 años compitiendo al máximo. La gente se
asombra de mi juventud, pero yo no. En realidad soy un veterano, aunque siempre
haya sido el más joven en todo lo que he corrido”. De ciudad en ciudad, y de
título en título, con un Peugeot a los circuitos mientras los padres de los
otros iban en BMW y Mercedes. CAMPOS LE CONVIRTIÓ EN UNA ESTRELLA
Después del fallido proyecto de la Fórmula Elf Campus francesa, Alonso volvió al karting donde siguió como profesional... Hasta que se cruzó en su vida Adrián Campos. Aquélla fue la clave para que ahora el asturiano esté ahora en uno de los cuatro grandes de la Fórmula 1 El ex piloto y jefe de equipo necesitaba un sustituto para Marc Gené en la Fórmula Nissan. El catalán, que al final ganaría el campeonato, no quería seguir en el campeonato de monoplazas y Adrián quería un hombre de talento. Antonio García le dijo que conocía a un chaval del kárting que era realmente bueno. Resulta que era el mismo chico que asombró a Campos en una prueba de exhibición de karts en Barcelona, el Marlboro Masters del 96. Adrián se reunió en junio de 1998 con él y su padre y le costó convencerles. “¿Seguro que no nos costará nada?”, dijo José Luis, desconfiado. “Seguro, seguro”. Era la tercera vez que el asturiano tanteaba su debut en los monoplazas y siempre había encontrado algún gato encerrado. “Aquella vez lo que más me sorprendió fue lo poco que hablaba. Apenas dijo palabra”, cuenta Campos. Al término de aquella temporada, Alonso probó el coche de Gené en Albacete y al segundo día ya estaba rodando al ritmo de la pole del sabadellense. Era la segunda vez en su vida que llevaba un coche con marchas y ya iba como un tiro. Marc, asombrado, no cesaba de reírse en el muro de boxes. Aquel niño era un portento. Además de la resistencia inicial de los Alonso, Campos tuvo que luchar con el problema de subir un piloto no valenciano a un monoplaza patrocinado por el Circuit. Al principio del Open de 1999, Fernando tuvo un par de salidas de pista cuando tenía de lejos la victoria. Una de ellas, muy sonada, fue en el Jarama. “Le dije que se tranquilizara —cuenta Adrián—, que no hacía falta que fuera con el dedo en la garganta todo el rato. Enseguida aprendió y el resultado fueron nueve pole position, seis victorias y ocho vueltas rápidas”. No tenía carnet y, con 17 años, volaba en los circuitos a 250 km/h. Se lo sacó nada más alcanzar los dieciocho, curiosamente sobre un Renault Megane y lo curioso es que, según el propio Alonso, “el profesor de autoescuela me decía que iba demasiado despacio” Alonso, con su primer título de monoplazas bajo el brazo, debía seguir su escalera hacia la gloria y el paso natural fue la Fórmula 3000, que compartía escenario con los Schumacher y Hakkinen. Ha sido la única vez que llevó sponsors para competir y a punto estuvo de no poder correr. UN CHICO RESERVADO Y BUEN ESTUDIANTE Fernando Alonso también es fiel a sus amistades. El ovetense conserva sus dos mejores amigos, Ricardo Morán y Alejandro Rodríguez, a los que conoció en los karts cuando tenía sólo cuatro años. Se conocieron en una carrera en Ribadesella y desde entonces son todo lo inseparables que les dejan sus compromisos. Pasaron de jugar al fútbol los domingos de carreras a salir a cenar y a jugar a los bolos en su Asturias natal. Son compañeros de bocadillo, Coca-Cola y furgoneta, recuerdos infantiles y primeros amores. Esta parcela también está relacionada con las carreras. De hecho, Ramón y Alejandro siguen ligados a este mundillo. El primero es telemetrista del equipo de Adrián Campos y hace sus pinitos con la Copa Hyundai, mientras que Alejandro quedó tercero en el campeonato de Asturias de rallys. Ambos destacan la increíble rapidez de su amigo, al que sacan tres años: “La verdad es que no había manera de ganarle. Y eso que, de pequeño, era bastante bajito y nosotros algo más mayores. Siempre supimos que era bueno, pero cuando eres pequeño no tienes conciencia de estas cosas. No fue hasta que ganó el Mundial de karts cuando nos dimos cuenta de que llegaría lejos”. Ramón destaca de la personalidad de Fernando su timidez: “Muy reservado. Nunca le gustó salir de copas como otros chicos de su edad. Lo suyo ha sido estar tranquilo con su familia y salir si acaso de tarde. Aún quedamos de vez en cuando. Las carreras te hacen madurar antes”. Y es que desde temprana edad, el trío de Ribadesella tuvo que crecer muy deprisa. Debían estudiar durante las competiciones, que muchas veces eran fuera de Asturias, y no disponían del tiempo que tenían otros chavales de su edad. “Pese a eso —cuenta Alejandro— Fernando siempre sacó muy buenas notas. Nunca tuvo problemas. En realidad, siempre hace bien todo aquello en lo que se empeña”. El ovetense estudió de los cuatro a los catorce años (1985-95) en el colegio Santo Ángel de la Guarda. Allí cursó primaria y EGB. Lo dejó en octavo y de los profesores de entonces sólo quedan dos. Uno de ellos, Antonio Pastrana, reconoce haber madrugado en el GP de Malaisia. Más patente aún es la huella de Alonso en su instituto, el Leopoldo Alas Clarín de San Lázaro, donde estuvo de 1995 a 2000. El director, Alberto Saráchaga, expediente en mano, recuerda a Alonso como un “buen estudiante, salvo en COU, curso con el que no pudo copado por los compromisos deportivos”, y le describe “equilibrado y tímido”. El centro tenían una notificación del Ministerio de Educación para que Nano pudiera compatibilizar las clases con la competición, al ser considerado por el Estado deportista de alto nivel. Alonso hacía pellas consentidas. EL PILOTO PREDILECTO DEL JEFE SUPREMO
Cuando Fernando Alonso
se bajó del podio después de vencer en Spa con la Fórmula 3000, aquello parecía
un mercado persa. Allí estaba Gerhard Berger, de BMW, que fue a felicitarle. Y
hubo otros grandes que se interesaron por él. También Ferrari y un equipo
emergente que volvía al año siguiente con la escudería Benetton, Renault. Debían
comprar los derechos del ovetense a Minardi, que se adelantó a todos el verano
anterior. En renault logró 2 mundiales, luego fue a McLaren donde terminó 2º tras un polémico año, donde no congeniaron piloto y equipo. Tras esto se relajó corriendo en Renault a la espera de dar el gran salto y llegar a la Scuderia Ferrari |